sábado, 21 de abril de 2012

Desnúdate

Imagen de Mark Lorch


"Desnúdate...", te oigo pensar, y me pregunto qué me estás pidiendo, intento leerlo en tus ojos brillantes. Tengo casi 50 años, y no especialmente bien cuidados. Y aunque estamos en penumbra, no creo que lo que quieras (ni lo que esperas) sea contemplar un cuerpo joven y hermoso, aunque es posible que tu mirada lo transforme, y aún así… Tal vez soy yo quien quiere quedar desnuda, darte acceso a mi piel en toda su extensión, para que la descifres con todos los sentidos, como envase que contiene aquello que has escuchado de mis labios, o leído de mis dedos… todo lo que has imaginado, lo que intuyes que soy pero no has visto, tocado, olido, saboreado aún, está detrás de esas palabras: "Desnúdate para mí", quiero que digas, que me quieras entera, que no quede fuera un pelo, un gesto, una arruga, una idea.

Hace un rato estábamos apoyados en la barra de un bar, impersonal y decadente, con remaches de cuero y terciopelo, madera pulida, taburetes altos. Bebíamos. Nos mirábamos. Hablábamos. De nuestras cosas. De recuerdos y de proyectos. Pero era una conversación trámite para otra, más completa, multimedia si quieres. Acabó el capítulo primero. En este punto de la conversación, todo el conocimiento mutuo de dos adultos que se han explorado antes a través de las palabras desaparece, y de nuevo se convierten en ignorantes recíprocos, en aprendices ávidos del otro; todo es lento porque ya sabemos como acaba este extenso capítulo segundo, el capítulo del tacto externo y tembloroso, a través de la yema de los dedos o el dorso de una mano; del tacto interno e inquietante de la mirada hasta el fondo de los ojos; del tacto fresco y húmedo cuando los labios se miden, se estudian, hacen sus cálculos para zambullirse de lleno en el tercer capítulo: el del sabor. Las lenguas se presentan y juegan escondidas en la boca única, doble y expectante, que de pronto se convierte en el nuevo espacio de encuentro de intrépidas papilas, que se entrenan a fondo para seguir camino por otros rincones y paisajes epidérmicos.

El capítulo cuarto y siguientes son variables… en número, duración, incertidumbre y tono. Pero, en algún momento el ritmo narrativo exige que nos transformemos, surgiendo desde detrás de nuestra barricada de diario, sin nada más encima que nuestra propia física, nuestra química, nuestra biología, y nuestra historia; mostrándonos como objetos directos moldeados por la gravedad, la oxidación y el deseo, y también como objetos indirectos de otros amores, de nuestro amor hacia nosotros mismos a lo largo del tiempo… ese momento en que nos entregamos a la observación a cielo descubierto, sin una sola protección a la que agarrarse más que la mirada avariciosa y emocionada del otro, y nuestro olvido y abandono del capullo del que emergemos mariposas amadas... ese momento es una puerta abierta de par en par a la vida.

"Desnúdate", he querido entender que susurrabas en mi oído, mientras me abrazabas. "Desnúdate",  te he querido decir, y no ha hecho falta. Y nos hemos quedado completamente desnudos.

FIN

Epílogo: afortunadamente, existen esos momentos catastróficos, donde únicamente hay amor entre dos seres desnudos en cuerpo y alma, sin nada que ocultar, nada que perder, nada que temer… por unos momentos.

21 comentarios:

  1. Precioso, tan dulcemente relatado, tan real y a veces tan extraño. No tengo más que añadir, son catástrofes de las que no gozo...

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    1. La imaginación es una aliada poderosa. No sabes lo que he disfrutado y sufrido escribiendo esta entrada... toda una metáfora el propio proceso. Creo que ha sido una de las experiencias más sensuales que he tenido nunca, jajajajaja. Te recomiendo que pruebes a escribir lo que imaginas (si no lo haces ya). De alguna forma, cuando consigues acabar (de escribir) es como si realmente te hubiera ocurrido...

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  2. Yo, de momento, escucho vuestras canciones en una de las más hermosas esquinitas del mundo ... Viviendo conscientemente una de las mayores y mejores catástrofes de mi vida, que es más de lo que pedí a los RRMM #soloporhoy #menosmalquenosquedaPortugal

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    1. ¡¡¡¡... LA MADRE DE TODAS LAS CATÁSTROFES!!! Disfruta, sé feliz, y si puedes, bájate "Happy, thank you, more, please". Besos y gracias.

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    2. Catástrofes que nos ponen contentas, que nos hacen felices, que nos hacen sonreír, que nos hacen disfrutar, que nos hacen compartir, que nos hacen más sensibles, que nos emocionan... ¡Somos especialistas en oxímoros! Pero... ¡qué chulas somos, coñe!

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    3. Voy a ver qué es eso de OXÍMORO(n) que lo he leído esta semana ya 3 veces... Pero sí, para mí es algo así como que hay que soltarse la melena, meter la pata y sentirse loca para realmente disfrutar de la vida en alta intensidad. Un poquito de vértigo nada más ;DDD

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    4. El oxímoron (el DPD sugiere para los plurales 'los oxímoron' o 'los oxímoros': a mí me gusta más esta segunda forma ) es una figura retórica que me encanta. Consiste en la combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido. Aunque no se ajuste en sentido estricto a la definición, cuando nosotras escribimos sobre 'catástrofes' pero estas no lo son porque son experiencias positivas y nada 'catastróficas', nos convertimos en las reinas de los oxímoros.:-)

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    1. Gracias, Carmen, tenía yo mis dudas... ;) Besos y abrazos.

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    2. Pues... menos mal que no te has dejado amilanar por las dudas y nos has regalado esta entrada tan seductora, sensual y sensorial. Ya la he leído varias veces y las que quedan :-)

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  4. ¡Qué buen relato!

    A esto, en casa de los ...ez ...ez, lo llamamos "sed de piel" y es aplicable tanto al amor romántico como al filial. Lo demás son tontás.

    Por cierto, ¡Cuánto daño han hecho los pijamas a la relación conyugal!

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    1. Fíjate que voy a tener que estar de acuerdo contigo... Me estoy acordando de los camisones de ventanita que he visto en alguna peli. En fin. No te acostumbre a que te de la razón, que es muy aburrido XDDD

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  5. Pues yo, que no soy nada natural aunque mi peluquera me llame salvaje porque no me peino, creo que un buen pijama... Digo bueno que no sea muy... por aquello del ratito que se pueda tardar en quitárselo.
    ¿Habrá pijamas de varias capas en plan cebolla? Porque si lo hubiera o hubiese... y hubiera o hubiese la gana brutal de quitárselo al propio sin prisa... vamos que...

    ¡¡Hoéyá, que me tengo que ir a trabajar con el vértigo en el ombligo!!... Deberíamos hacer una entrada colectiva sobre los pijamas y las distintas formas de quitárselos... o no... :P

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    1. Es que las que estáis comenzando no tenéis problemas con las cebollas, Lola :-)

      A mí, la verdad, una manzana pelá, mondá y troceá, como que me da menos pereza. Bueno... y las peraas también, no vaya a ser que nos lea mi alcaldesa.

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    2. ¿Pero hay algo que importe o entorpezca cuando se está en la cresta de la ola amorosa?

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    3. Cuando estás en la cresta, casi nada importa... pero se trata - digo yo - de hacer como en el surf: aprovechar la ola todo lo que se pueda, y cuando ya deshechita te deja en la orilla, coger la tabla y adentrarse de nuevo en el mar, en la misma playa si aún se ven olas plausibles, o en otra si la previsión es mala...

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    4. ¿Una entrada colectiva de pijamas? A mi siempre me sobra el pijama. Ese olor a limpio, con las puntas del pelo todavía mojadas, el primer abrazo cuando te metes entre las sábanas y solo hay piel... mmm... a mí me... ¡me pone, vaya! Ya sé... para algunas es mu poco romántico, pero para mí es el momento delicioso del día.

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  6. Esta entrada desborda sensualidad. Me recuerda, aunque con otro lenguaje, a un capítulo(el 68)de La Rayuela de Julio Cortázar que ya mencionó Chelucana en otra ocasión:

    "Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sústalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios..."(y sigue...)

    Tienes madera de escritora, bien podría ser un capítulo de una novela. ¡Adelante!

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    1. Me encantaría, y de hecho, he empezado un par de proyectos... pero soy como las sodas: cuando abro la chapa, se me va el gas (o al menos, así ha ido ocurriendo hasta ahora) Gracias por los ánimos, Piluca :)

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  7. Pues a mí me gusta que no sea novela, que sea así porque así es. Quizá es por eso que podría ser una buena novela...
    Me gusta como lo cuentas, así, sin más.
    ¡Qué grande eres y cómo me gustas!

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    1. Gracias, tú también me gustas mucho :)))) Y creo que me has entendido muy bien: es un primer encuentro, la novela la escribimos después, y con un encuentro así es posible que sea buena hasta el final (de la novela...)

      ¡¡¡Pronto nos vemos, Lola!!!

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