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domingo, 20 de mayo de 2012

Canción de luna

Las mujeres que tendemos a soñar en demasía llevamos un lastre encima. Las que además estamos poseídas por la lunal, llevamos lastre y medio. Y eso sí es una catástrofe, y no diaria... a algunas nos dura mucho tiempo, mucho.
Yo soñaba despierta. No eran sueños concretos, creo que soñaba emociones. Tantas me embargaban a diario, tanto se me iba la imaginación desde el corazón, que una sola canción despertaba todo un mundo que se agitaba y me agitaba. Fueron momentos agridulces, felices y dolientes a partes iguales. Una especie de canto al sadomasoquismo emocional.
Mis noches eran solitarias, tremendamente solitarias, y las llenaba de música y de Martini blanco con hielo. Sentada en el suelo, a la luz de un par de velas, con la compañía de mi equipo de música donde sonaba la deliciosa guitarra de Pat Metheny que me hacía viajar en tiempo y espacio a donde quería ir... evocaciones de un futuro no escrito, de un pasado inexistente, de un sueño que solo yo tejía.
Notas musicales, luz de luna, fe, lágrimas de pura intensidad, guitarra, soledad...
Cuando pasa el tiempo y dimensionas lo que hubo te queda muy poco de todo eso, deja de convertirse en catástrofe para ser ruido sordo que aún es capaz de mover alguna fibra en tu interior... cuando vuelves a escuchar lo que pudo haber sido y no fue.

Pat Metheny & Charlie Haden - The moon song

viernes, 23 de diciembre de 2011

Felices fiestas nada catastróficas!

Tengo la mala costumbre de hacer balances a final de año. Menos mal que luego no me da por dedicarme a redactar propósitos de los que sé que nunca cumplo (gimnasios y cosas así). Estoy feliz, un año más. Y éste es el segundo (espero que no el último).
No porque haya conseguido todo lo que quiero, sino porque he sabido encajar las derrotas con un control elegante y sin ataques de ansiedad. Porque he bebido las victorias lentamente y con un placer indescriptible, a falta de otras cosas que me hagan sentir lo mismo. Porque no he pedido más de lo que se me ha ido concediendo a lo largo del mismo, y todo lo he considerado como un verdadero regalo.
Porque he conocido personalmente a gente MARAVILLOSA, como a algunas de las co-autoras de este blog, que me han hecho ver y vivir mis pequeñas catástrofes diarias con una gran dosis de humor y sin darles más importancia de la que tienen.
Porque he sabido decir que NO cuando lo he sentido, y lo que sentía cuando ha hecho falta. Porque he sentido tristezas hondas, que me han ayudado a seguir creciendo y a tener al día siguiente sonrisas más intensas.
Y, sobre todo, porque en cada momento he tenido presente lo que valgo, como profesional y como mujer, pese a que los hay empeñados en que no sea así.
El año que comienza seguiré aprendiendo y seguiré sintiendo en el alma que haya tanto caballero ciego, sordo y mudo en el mundo... y otras cosas ;)))

¡¡¡FELICES FIESTAS Y FELIZ AÑO NUEVO NADA CATASTRÓFICO!!!


viernes, 25 de noviembre de 2011

Una historia de destiempos

Después de estar lloviendo durante días, salió el sol. Ella era pura mediterránea, sureña, fuego y cielo, y ese tipo de día le sacó los colores y la sonrisa.
Pensó en él y se emocionó (en todos los sentidos) así que, movida por su siempre impetuoso caracter, le escribió una de esas cartas cariñosas, dulces, con algo picante, con iniciativa y, sobre todo, muy femenina... tal y como se encontraba.
Pasado el día, decidió llamarle... escuchar su voz, ya que no podía verle ni estar con él. Hablarle y decirle todo aquello que sentía muy dentro. Ser como nunca había sido, hacer lo que nunca había hecho, antes de él... ser ella.
(Y ahora es cuando el cuento romántico se convierte en un peñazo)
En cuanto él descolgó el teléfono, se acabó la magia... no estaban en el mismo tiempo. Andaba cabreado, con trabajo, con llamadas pendientes -un par esperando al otro lado del teléfono-, y más de 10 cafés encima. Lo más antierótico que se pueda una imaginar. Y ahí se acaba la parte erótico-festiva para dar lugar a... ella no sabía qué decir, ni cómo decirlo. Su día soleado se oscureció por segundos, la líbido se convirtió en el frío que viene después de que se te caiga sobre la cabeza un jarro de agua recién salida de la nevera.
Toca colgar, dormir, esperar un día nuevo.

Y seguir pensando que los tíos son unos amargados de la vida, que no tienen sentido de lo bueno, que no saben disfrutar de la  mujer que les conviene...  hasta que vuelva a salir el sol. Y ella sabe que es la mejor, que le gusta su pelo, su sonrisa y lo loca que está, y que él se lo pierde.

Los hay idiotas y a destiempo... que les den por c...

miércoles, 5 de octubre de 2011

Una detrás de otra

Hoy fue de esos días en que las cosas voltean en espiral. ¿Eso qué es?. Pues que se giran, se regiran, se doblan y acaban peor que mal.
Me vuelco mucho en mi trabajo por olvidarme de que los caballeros no existen (algunos hay, pero son de otras). Y me encuentro con que va a ser, al final, que mejor buscarme un novio. Con lo libre que era yo antes, y lo atada que me veo... que nos ponen plataforma virtual, señoras, pero de esas en las que se tiene que hacer todo. Porque hay quien tiene tanta cultura digital que cree que dentro de una de esas se puede encontrar el interné entero. 
¿Para qué querré yo un blog, si está la plataforma? ¿Para qué me voy a matar a hacer un site, si ya tenemos plataforma? Que no, mujer, que no... que son dos cosas distintas... pero ella manda, claro. Y será que ella sabe, también.
Para colmo, trabajo doble porque ciertas entidades confunden la gimnasia con la magnesia. Porque yo quiero ser coherente con mi trabajo, y no me dejan.
Y entre el disgusto de la boda de la duquesa (y algunas de nosotras, aquí), y la frustración generada a día de hoy por una de las pocas cosas que me dan aliento, estoy para irme a dormir y no despertar... hasta mañana a las seis, claro.
Que seguro que veo mejor el día, sobre todo si refresca.

domingo, 2 de octubre de 2011

Yo no lo diría mejor...

Os dejo un vídeo precioso de Ana Laan, porque hay letras que merecen la pena.
De esas cosas que siempre quisiste decir y, por x o por y, nunca acabaste de hacerlo.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Cierta rabia

Tres horas en la peluquería, tres. O tres y media. Pero ha valido la pena, desde luego. Me corté la melena y me hice un estupendo cambio de look que me ha dejado satisfecha y rejuvenecida; y esas mechitas rubias, que no me falten.

Me tengo que pensar y repensar cada visita a la peluquería, porque es mucho tiempo dedicado al ocio y la lectura de revistas del corazón (me entero de lo de todo el año). Y, a veces, hasta pienso que para qué... que quién me va a mirar o quién va a tener en cuenta lo guapa que me he puesto... dura poco, porque a estas alturas de mi vida ya aprendí a gustarme a mí misma y a hacer las cosas para mí.

Pero lo cierto es que da algo de rabia. No precisamente el hecho de estar guapa "para nadie", sino que no haya nadie capaz de darse cuenta.

Me he mirado como tres o cuatro revistas: la boda de la duquesa de Alba (menudo esperpento, pero ¡¡cómo embellecen los títulos y el dinero!!), las separaciones de unos y otros, seguidas de inmediato por la reconversión parejil, porque los que se desunen se unen con las parejas de los otros... un lío, vamos.
Y me acuerdo de cuando, hace ya años, esos momentos de peluquería me hacían sentir fatal. Con la autoestima por los suelos, pensaba: ¿por qué a mí no me pasan estas cosas?. 

Alma de cántaro... gracias al cielo no andas metida en esos líos mediáticos ni necesitas mentir, operarte o  dejar de ser tú misma para tener una pareja de papel que te vaya a durar dos días.

He llegado a casa y, sentado, había un caballero de poco más de 15 años sentado al ordenador. Ha tardado en mirarme, pero luego no me quitaba los ojos de encima. Al momento, de una de las habitaciones ha salido otro apuesto muchacho ya mayor de edad y... ¡cómo me miró!

-Mamá, ¡¡qué guapa estás, qué bien te sienta el pelo así, pareces más joven!!
Se pasó la rabia, las dudas, las manías... sonrisas y besos, que mis hijos se lo merecen todo (menos ser protagonistas de las revistas del corazón).

jueves, 29 de septiembre de 2011

Que yo no soy así

Hartita estoy de oir decir que tengo un "ramalazo feminista". Que no hay que confundir la gimnasia con la magnesia.

Aquí tenemos un problema y es que hay cosas que me indignan y, cuando yo me indigno, arde Troya. Dado que soy mujer educada en la "resignación y la obediencia", no suelo enfadarme mucho, más bien intento mirar el lado bueno de las cosas, el vaso medio lleno... lo que sea con tal de no liarla. Pero a veces pueden conmigo, y (os juro que es casualidad) suelen ser varones los que contribuyen a ello.

Mi clase de 3º de ESO, tan monos, nuevecitos sin estrenar, en unas Ciencias Naturales de esas chulas donde la señu tiene previsto sumergirles en el fantástico mundo de la vida microscópica, de los misterios mitocondriales, de la fisiología de los animalitos que Dios nos puso por compañeros... diría yo que mitad y mitad, muchachos y muchachas, todos a medio hacer, con esas caritas de inocentes ellos.

Llevo dos semanas entrando en ese aula cuatro horas cada una... 
-¿Me podéis ayudar a colgar el papel blanco de la pizarra, por favor?- (algo no cuadra, no deben entender mi lengua. Repito en castellano, en catalán, tentada del inglés).
Se levanta una niñA, dos niñAs...

-¿Quién me dice la diferencia entre seres unicelulares y pluricelulares?- (ya ves tú, difícil que es la cosa).

Levanta la mano una niñA, dos, otrA quiere decirlo antes... Ya no puedo más.

-¿Dónde narices están los caballeros de esta clase? (por no decir otra cosa)
El tonito lo dice todo. La frustración reprimida desde hace años (debido a que sigo sin encontrar caballeros) me hace sacar toda la mala leche de señorita Rottenmeyer. Y los niñOs empiezan tímidamente a levantar manos, a hacer algo, después de una reprimenda que suena, inevitablemente, algo feminista. 
Pero que no, que es casualidad... ¿o causalidad?

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Vale más marujear que sufrir

Con lo que yo valgo... qué pena...
Es lo que me digo a diario mientras intento pintarme donde corresponde y disimulo esas incipientes arruguitas con productos que dicen que son una barbaridad.

Que una todavía está guapa, a esos cuarenta y tantos que aumentan peligrosamente (dicen mis alumnos que no parezco más de 30... pero claro, ellos quieren su nota). Y, además, una tiene su inteligencia portentosa (dice mi profe de taichi que se nota que llevo años cultivando más mi mente que mi cuerpo... no sé por qué, quizá  por mi incapacidad de flexionar las rodillas como el resto de mis compañeros).

Para colmo de la perfección, he aprendido a vivir sin pareja de maravilla, con sus mases y sus menos en momentos clave, y alguna que otra lagrimita debida, sin duda, a los altibajos hormonales de una vez al mes (que van quedando pocos).

Aún así, con tantas prendas, mi trabajo sólo es ideal dentro del aula, cuando mis nenes protestan y les contesto, cuentan chistes y me parto, salen a la pizarra (ahora ya PDI)  y les digo que, por su vida, cuiden el puñetero lápiz, que cuesta un ojo y parte del otro. En los pasillos, en las reuniones, en los despachos... no, no me siento como delante de mi espejo del Ikea. No me dejan.

Por eso, ni sabéis cómo disfruto cuando llego a casa y cambio mi glamouroso netbook por mi carro de la compra, color pistacho él, y me marcho al Caprabo a encontrarme con las vecinas y poner de vuelta y media a la Esteban. Con lo mona que es una... y lo que vale...


(por supuesto, es una imagen con CC, extraída de FlickrCC)